CUDECOOP
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U R G E N T E
A LOS SEÑORES LEGISLADORES:

Con motivo del tratamiento, por ese cuerpo, del proyecto de Ley sobre constitución de fondos de refinanciación, hemos hecho llegar en dos comunicados a los Sres. legisladores nuestra petición de ser recibidos para dar una opinión fundamentada sobre el tema. Sin embargo, durante las sesiones de la semana pasada se intentó reiteradamente tratar el asunto como grave y urgente, sin considerar la visión de los involucrados. Ante la posibilidad de que se insista en esta tesitura, reafirmamos que, sin perjuicio de los innegables derechos constitucionales que asisten al Poder Legislativo, es propia de la mejor práctica democrática la consulta a las instituciones representativas, antes tomar decisiones cuyos efectos van a recaer sobre todo el sistema cooperativo de ahorro y crédito y de consumo.

En tal sentido, expresa la Recomendación 193 de OIT, de fecha 20 de junio de 2002, que nuestro país respaldó:

“10. 1) Los Estados Miembros deberían adoptar una legislación y una reglamentación específicas en materia de cooperativas, inspiradas en los valores y principios cooperativos enunciados en el párrafo 3, y revisar esta legislación y reglamentación cuando proceda.

2) Los gobiernos deberían consultar a las organizaciones cooperativas, así como a las organizaciones de empleadores y de trabajadores interesadas, para la formulación y revisión de la legislación, las políticas y la reglamentación aplicables a las cooperativas.”

Asimismo, la Resolución 56/114 de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, establece que:

“2. Señala a la atención de los Estados Miembros el proyecto de directrices encaminadas a crear un entorno propicio para el desarrollo de las cooperativas, que habrán de tener en cuenta al elaborar o revisar sus políticas nacionales sobre las cooperativas.

3 Alienta a los gobiernos a que sigan examinando, según proceda, las disposiciones jurídicas y administrativas que rigen las actividades de las cooperativas, con miras a garantizarles un entorno propicio y a proteger y promover su potencial para ayudarles a lograr sus objetivos”. Cabe señalar que en las directrices aludidas, presentadas por el Secretario General, se incluye la necesidad de consultar a las entidades nacionales representativas del movimiento cooperativo para la elaboración de la legislación apropiada.

¿Quiénes son los actores que están operando en la instancia?

Afortunadamente y gracias a la conciencia colectiva y la voluntad integradora que hemos desarrollado dentro del cooperativismo nacional, podemos afirmar con orgullo que en pocos países del mundo existen organizaciones de tan alta representatividad de nuestro movimiento surgidas, no por imperio de una ley, sino por consensos superadores de toda postura parcial o sectaria. El Movimiento Cooperativo está representado en CUDECOOP, cuyas instituciones asociadas agrupan a cientos de miles de afiliados en todo el país y está institucionalmente reconocida por participar oficialmente sus miembros en la Comisión Honoraria de Cooperativismo de acuerdo con el decreto 128/1991, del 6 de marzo de 1991. Esta Comisión fue creada con el cometido, entre otros, de asesorar en materia de legislación cooperativa y cabe resaltar que tampoco ha sido consultada en esta oportunidad. En los niveles gremial y sectorial, participan activamente del análisis del proyecto la Federación Uruguaya de Cooperativas de Consumo y las dos cámaras de cooperativas de ahorro y crédito, en sus modalidades de intermediación financiera (CACIF) y de capitalización (CUCACC). Como entidad de la economía social, no cooperativa pero también afectada por el proyecto, se ha oído la voz de la Asociación Nacional de Afiliados.

A favor del proyecto, quisiéramos saber quién está realmente. Ciertamente, nadie que participe activamente de la promoción del cooperativismo. Esto nos genera mayores preocupaciones, dado que en medio de las carencias de la legislación y el sistema de contralor vigentes, en el último lustro han venido surgiendo grupos de prestamistas particulares que revestidos de la simulada apariencia de cooperativas de ahorro y crédito, realizan pingües negocios en su provecho, traicionando el espíritu de la cooperación y la buena fe y la necesidad apremiante de los prestatarios.

El hecho antes referido ha sido denunciado por nosotros en múltiples ocasiones y es motivo de la preocupación y la acción de la Auditoría Interna de la Nación, que en 2002 elaboró un anteproyecto de ley de cooperativas de ahorro y crédito, que mereció nuestro apoyo y jamás llegó al Parlamento.

Estimamos imprescindible que una regulación sana preceda a cualquier norma que extienda las facultades legales de las cooperativas, para prevenir el uso y abuso de las mismas por detentores de capitales privados ajenos a los intereses de los supuestos beneficiarios.

Conocedores experimentados de las dificultades de los procesos de capitalización de las cooperativas y de la lenta progresividad de los mismos en sus fases iniciales, nos extraña enormemente que instituciones todavía desconocidas se propongan asumir una operatoria de refinanciación de gigantesco volumen. Nos preguntamos ¿con el apoyo financiero de qué capitales? ¿Los mismos que respaldan a las extrañas “cooperativas” que pululan como hongos en el centro de Montevideo y se están extendiendo por el Interior? ¿A los que hoy aprovechan el régimen tributario y de seguridad social de las cooperativas de capitalización y utilizan un sistema excepcional de retenciones se les permitirá ahora que tomen en las mismas los lugares prioritarios como el del BROU y negocien a su antojo con deudores apremiados por sus situaciones particulares? ¿Queremos dejar en esas manos a los bien inspirados deudores cuyos créditos padecen atrasos y carecen de condiciones para negociarlos?

Somos conscientes de la necesidad de hallar caminos para aliviar esta problemática, con las garantías necesarias para que estas soluciones provengan de los auténticos representantes de los involucrados.

El impacto que la sanción de este proyecto tendría sobre las cooperativas amerita ya nuestra acción, pero más allá de ello, queremos ejercer un acto de responsabilidad institucional, advirtiendo sobre el riesgo social y económico que derivaría del uso de este instrumento legal.

CUDECOOP
Montevideo, 15 de setiembre de 2004