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DOCUMENTOS SECTORIALES

PROPUESTA DE POLÍTICAS DIFERENCIADAS PARA LA AGRICULTURA FAMILIAR
COMISION NACIONAL DE FOMENTO RURAL

INTRODUCCION

Si se observa el panorama predominante en el mundo, se comprueba que la agricultura familiar, las pequeñas y medianas explotaciones fundadas en la familia, si bien continúan siendo importantes en prácticamente todos los países, han estado perdiendo participación tanto en el empleo como en la producción.

Esa tendencia declinante de la agricultura familiar, pone de manifiesto causas profundas, tal como la existencia de tecnologías adaptadas a unidades de producción mayores.

Sin embargo esas tendencias no operan igual en todos los países. La diferencia está asociada con la política de los gobiernos y con la reacción propia de la agricultura familiar de cada país.

Los gobiernos de muchos países han reaccionado frente a las tendencias mencionadas, generando un conjunto de políticas y programas favorables a la agricultura familiar. Algunas de estas políticas son muy conocidas, como las implementadas en la Unión Europea y otras menos, pero también significativas, como las de Brasil.

Esa reacción de los gobiernos, se basa en el reconocimiento del papel de la agricultura familiar como fuente de valores económicos y sociales. Ese reconocimiento, es bueno anotarlo, no es espontáneo; en parte es el resultado de una intensa actividad de las organizaciones sociales.

En el Uruguay se observa la tendencia a la declinación de la agricultura familiar pero no una reacción significativa de los gobiernos. No ha existido una política integral dirigida específicamente a la agricultura familiar, cuando al mismo tiempo se constatan otras que favorecen a los empresarios grandes, cualquiera sea su nacionalidad.

Además de las diferencias mencionadas en el entorno de política, ciertas características propias de la agricultura familiar, le han permitido mantener una fuerte presencia en algunos rubros y países, en los que pudieron adaptarse a los intensos cambios. Es interesante el caso de los productores familiares lecheros de Nueva Zelanda, reconocidos como los más eficientes del mundo.

Esta introducción deja delineados dos elementos fundamentales de una estrategia hacia la agricultura familiar uruguaya:

• La construcción de un entorno favorable de políticas y programas

• La capacidad de la agricultura familiar para hacer frente a las condiciones negativas y para aprovechar las positivas. Esa capacidad refiere tanto a su reacción dentro del ámbito de la producción así como también a la de participación en organizaciones económicas y sociales.

I. FUNDAMENTOS DE UNA ESTRATEGIA DE DESARROLLO DE LA AGRICULTURA FAMILIAR

I.1. Identidad de la Agricultura Familiar (AF)

La CNFR ha fundado sus propuestas en las características propias y permanentes de la AF y en su contribución a la sociedad y a la economía.

Se ha señalado asimismo el papel democratizador de la agricultura familiar al ampliar la red empresarial diversificada, de otro modo extremadamente concentrada, desintegradora y despobladora, así como en su papel integrador en términos de la familia y del espacio rural y capacidad de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales.

Esas características de la agricultura familiar se mantienen, aún cuando su participación en la economía y el empleo ha continuado reduciéndose. Los datos disponibles, y la percepción corriente, muestran una creciente concentración de la producción agropecuaria en el segmento de empresas grandes, con creciente presencia de sociedades, propiedad de extranjeros no residentes y de propietarios instalados en el medio urbano y sin conexión directa con la producción y la sociedad local.

I.2. Un nuevo reconocimiento al papel del agro y de la agricultura familiar

Un nuevo curso para la agricultura familiar debe basarse en un doble reconocimiento:

• del importante papel del complejo agroindustrial en el desarrollo económico y social del país

• del rol que cumple la AF tanto en el desarrollo local como nacional.

Debe visualizarse a la AF como un sector dinámico, capaz de adaptarse a nuevas condiciones tecnológicas y de mercado y sobre esa base mantener un adecuado nivel de vida de las familias que trabajan en él y su contribución a la provisión de alimentos y al desarrollo rural y nacional.

I.3. Enfoque hacia el productor y su familia

La CNFR ha reivindicado siempre que a la hora de definir las políticas agropecuarias, debe tenerse en cuenta en forma absolutamente prioritaria al productor y su familia, así como también a su unidad productiva en forma global, por encima de los rubros y tecnologías en forma aislada.

La agricultura familiar brinda una respuesta alternativa a las que alimentan las tendencias desintegradoras entre el mundo de la producción y la familia, entre la localidad de residencia de la familia y del trabajo.

La familia se constituye así en el protagonista del proceso de producción y de reproducción de la unidad de producción y en el centro de atención de las demandas en el plano de la educación, capacitación y socialización, por lo que se ha insistido en la necesidad de que los servicios tomen en cuenta las particularidades del medio rural, de las mujeres y de los jóvenes.

Un aspecto que puede contribuir a la estabilidad de la familia rural, es la complementación de ingresos familiares con actividades realizadas por integrantes de la familia fuera del establecimiento, en actividades agropecuarias o no. Esas actividades contribuyen a aumentar los ingresos familiares y a reducir sus fluctuaciones. De hecho, esta es una de las medidas defensivas de la agricultura familiar en algunos países desarrollados y desde ya en muchos hogares de pequeños productores uruguayos.

I.4. Políticas diferenciadas para la AF

Las políticas diferenciadas orientadas a los productores familiares constituyen un postulado básico de la CNFR que sigue vigente.

La experiencia muestra que la mayor parte de las políticas y programas se dirigen a apoyar a otras empresas o no tienen objetivos y metas específicas para la agricultura familiar, por lo cual su efecto es reducido.

Las políticas y programas específicos existen en casi todos los países y refieren a una variedad de acciones, comprendiendo actividades de acceso a la tierra, investigación, capacitación, créditos y seguros, tributación, comercialización, precios, etc. que tienen objetivos, metas y acciones dirigidas a apoyar a los agricultores familiares o a sus organizaciones económicas.


II. ELEMENTOS DE UNA ESTRATEGIA PARA EL DESARROLLO RURAL Y DE LA AGRICULTURA FAMILIAR

Una estrategia de desarrollo rural y de la agricultura familiar sólo puede fundarse en una revalorización profunda de las necesidades individuales y colectivas de las personas y en un impulso a los procesos de integración social, seriamente cuestionados en los últimos tiempos.

Una política de esa naturaleza, requiere un conjunto coherente de acciones sostenidas en el tiempo, ya que políticas aisladas y contradictorias difícilmente tengan resultados positivos, además de ser costosas.

A continuación mencionaremos componentes que deben conformar esas políticas.

II.1. Desarrollo local y territorial y participación de los agricultores familiares

Existe un renovado interés por la dimensión local del desarrollo. La descentralización permite una mayor integración de las capacidades de las personas y un desarrollo más pleno de la democracia, facilitando la adopción de decisiones y el control pertinente. En el medio rural las familias de pequeños y medianos productores cumplen un rol fundamental en este aspecto.

II.2. Educación: La necesaria revalorización de la ruralidad

En nuestro país se ha ido perdiendo conciencia de la importancia estratégica del sector agroindustrial a través del desarrollo local, regional y nacional, así como también su contribución a la generación de empleo y a la diversificación del ingreso de la población rural.

Tampoco se ha valorizado debidamente la importancia estratégica que tiene la conservación del medio ambiente y de los recursos naturales.

A nadie escapa que nuestro sistema educativo ha tenido una incidencia importante en esa situación y es por lo tanto de relevancia estratégica introducirle las reformas imprescindibles, como para que cumpla con ese objetivo de ayudar a recuperar la conciencia de la importancia de “lo rural” en nuestro país.

Creemos del caso mencionar las siguientes líneas de acción al respecto:

• Lograr una verdadera articulación de la Educación rural en su totalidad

• Profundizar en los conocimientos sobre la importancia estratégica del medio rural en los programas de formación de nuestros docentes, tanto en los que se van a desempeñar en el medio rural, como en los que lo van a hacer en el medio urbano

• Valorizar la dimensión cultural y los valores del medio rural

• Profundizar la inserción de los centros educativos en los procesos de desarrollo local

• Favorecer el acceso igualitario a la educación a los habitantes del medio rural, con énfasis en las mujeres y los jóvenes.

• Universalizar la enseñanza media en el medio rural, con programas flexibles adaptados a la realidad local y que además sean articulables con tramos curriculares de otros niveles educativos (enseñanza técnica, universitaria, etc.)

• Mejorar la calidad de los programas Educativos de los Centros de enseñanza técnica y profundizar la metodología de la alternancia en los mismos.

II.3. Comercio exterior y agricultura familiar

El comercio exterior, la política comercial, los Tratados de Integración y las negociaciones comerciales con otros países y/o regiones son, cada vez más, factores importantes en la definición de oportunidades y también amenazas para la agricultura familiar. Lamentablemente los términos actuales de globalización conllevan a que sean muchas más las amenazas que las oportunidades y las consecuencias están a la vista.

La CNFR ha avanzado en el conocimiento y posicionamiento sobre el tema y participa en plataformas regionales con otras organizaciones. Este tema exigirá cada vez más atención a las organizaciones de productores familiares, particularmente si el gobierno abre oportunidades de participación.

Esta participación requerirá además un esfuerzo de las Organizaciones por obtener información calificada al día y una capacidad técnica y dirigencial acorde a las exigencias y responsabilidades de dichas instancias.

II.4. Coherencia entre las políticas macro y las específicas dirigidas a la agricultura y el medio rural

En diversas instancias, ha quedado en evidencia que una política macroeconómica contraria al desarrollo agroindustrial, es al mismo tiempo negativa para la sociedad e insostenible.

Ese es el tipo de política que, apoyada en el atraso cambiario, explotó a fines de 1982 y a mediados del 2002. En ese marco, los programas aislados dirigidos a la agricultura han tenido y tienen alcances muy limitados y utilizan ineficientemente los escasos recursos públicos.

Es imprescindible la implementación de una política macroeconómica articulada y coherente con las políticas y programas agropecuarios y agroindustriales.

II.5. Acceso a la tierra

Desde la perspectiva de los pequeños y medianos productores, se plantea la necesidad impostergable e imprescindible de implementar políticas agresivas en pro de facilitar el acceso a la tierra para enfrentar los graves problemas de escala de recursos así como también de inserción productiva de los jóvenes integrantes de la familia.

Desde la perspectiva del país, abrir una oportunidad de acceso a la tierra permite el aprovechamiento de experiencias, conocimientos e inclinaciones personales aptas para la producción agropecuaria y el desarrollo rural, que significan un capital de enorme potencial, que el país no puede darse el lujo de seguir desaprovechando.

Habrá que lograr entonces los apoyos políticos imprescindibles para llevar adelante un proyecto realista de redistribución de tierras. Se conoce que tal proyecto está acotado también, por los recursos fiscales que puedan asignarse tanto a la compra de tierras como a su puesta en producción, pero habrá que empezar entonces por lograr las voluntades políticas, con la finalidad de darle a este tema la prioridad estratégica que tiene.

Como elemento positivo, cabe consignar que este tema ha tomado una nueva proyección, desde que la CNFR con el apoyo de otras organizaciones de productores, asalariados, la UDELAR y representantes de todo el espectro político partidario, vienen conformando una alianza para el relanzamiento de la colonización.

II.6. Innovación, asistencia técnica, capacitación

La agricultura familiar depende cada vez más de su capacidad de incorporar innovaciones. Está comprobado que lo ha hecho eficientemente cuando se han dado condiciones favorables a ese tipo de explotaciones (ejemplo en lechería).

De todas formas, no se puede desconocer que una proporción muy importante de pequeños y medianos productores, han tenido problemas como consecuencia del tipo de tecnología disponible internacionalmente, de la falta de adaptación local a las condiciones de los mismos y de las dificultades de acceso a la asistencia técnica o a la capacitación así como también a la disponibilidad de recursos financieros para hacer frente a ese tipo de tecnología.

Como aspectos positivos en este ámbito, pueden señalarse las diversas actividades de investigación y validación, que toman como núcleo las actividades de producción en pequeñas y medianas unidades, realizadas mediante el Convenio vigente entre CNFR e INIA y mediante otras acciones de complementación con la Facultad de Agronomía. También merecen destaque articulaciones con otros organismos del ámbito de la investigación, la asistencia técnica y la capacitación.

No obstante, los avances son limitados, tanto en la adaptación de tecnologías a las condiciones de los pequeños y medianos productores, como en el acceso a la capacitación y la asistencia técnica, tal como lo muestra la información disponible.

Según el Censo Agropecuario del 2000, menos de un tercio del total de productores recibieron asistencia técnica. Otras fuentes de datos muestran que esa proporción es menor en las pequeñas y medianas explotaciones y que el sector público contribuye con una muy pequeña parte de esa actividad. Sólo un tercio de los productores hortícolas del sur recibían en 1999 asistencia técnica y de ellos tan sólo un tercio lo hacía por intermedio de instituciones o programas públicos, incluyendo el PREDEG, FIDA, JUNAGRA y otros.

Algunas tendencias están abriendo nuevas oportunidades a pequeños y medianos agricultores, tales como la producción orgánica o con limitada participación de productos químicos en el proceso productivo, alternativa que CNFR también viene respaldando con mucho calor. En general la necesidad de encontrar un cauce alternativo al de la agricultura con alta utilización de productos químicos en muchas partes del mundo puede incluir a nuestro país, si se quiere ser consecuente con el eslogan “Uruguay Natural”.

En síntesis: se requiere un esfuerzo mayor y más adaptado a la agricultura familiar. En el caso de la investigación, los esfuerzos públicos deberían abrir una amplia orientación dirigida a la agricultura familiar en estrecho vínculo con las organizaciones económicas y sociales de los productores.

Los servicios de asesoría técnica y de capacitación deberían adaptarse a las posibilidades económicas y de dedicación del productor familiar, que por tener que cumplir muchas funciones en su predio, puede asignar poco tiempo y no dispone de recursos para financiar esas actividades.

II.7. Presencia activa de la agricultura familiar en los procesos de generación de políticas y en el diseño de los programas: Creación de un organismo destinado a al definición y ejecución de políticas y programas para la AF

Una de las condiciones para fundar una nueva estrategia de desarrollo rural es el reconocimiento de la agricultura familiar y de las organizaciones de ese sector.

La CNFR tiene experiencia en representaciones en diversos organismos, pero queda bastante por avanzar.

El fundamento en que se basa esta propuesta, es que la interacción de los agentes públicos y privados involucrados, constituye un elemento decisivo para alcanzar los objetivos.

Hay que consolidar la participación de las organizaciones de la agricultura familiar, en los todos los ámbitos en que se analizan las políticas y programas específicamente agropecuarios y de desarrollo local, las políticas de fomento de la producción y en los Organismos de investigación, asistencia técnica y capacitación.

Esta participación no puede limitarse a la fase de formulación, sino que también debe implicar una presencia activa de las Organizaciones en la ejecución de los programas y por supuesto también en la etapa de evaluación de los mismos.

Este nuevo estilo de relacionamiento debería apoyarse, en un Organismo jerárquico dentro de la administración pública, dedicado exclusivamente al fomento de la AF. Este Organismo será un instrumento articulador entre las Organizaciones representativas de la AF y el sector público y deberá contribuir, con recursos presupuestales, a que las diversas instituciones y programas existentes, dirijan acciones específicamente hacia el desarrollo de la misma. De una u otra forma este tipo de Organismo existe en otros países como Chile y Brasil y tiene antecedentes en propuestas ya realizadas por la CNFR.

II.8. La integración de la agricultura familiar

Las posibilidades de viabilidad de los agricultores familiares independientes se están estrechando. El tema es antiguo, pero las exigencias planteadas por la competencia dentro de la agricultura y con el resto las empresas en una economía abierta al comercio, hacen cada vez más imperioso que los agricultores familiares estén convenientemente articulados entre sí y con las empresas que operan en otras fases.

Los arreglos de referencia pueden ser de naturaleza muy diversa; desde empresas asociativas hasta contratos anuales o de mayor plazo, cubriendo unos pocos productores, o un conjunto de ellos en una localidad o en todo el país.

La agricultura familiar tiene una imperiosa necesidad de esas asociaciones pero debe reconocerse que al mismo tiempo soporta dificultades propias para encararlas.

Así, en algunos casos reciben precios inferiores, tienen menos seguridad en el mercado, tienen mayores dificultades de acceso a bienes y servicios (ej. asistencia técnica), pagan mayores precios por los insumos y servicios (ej. la energía) y generalmente se mantienen al margen de los segmentos del mercado más dinámicos y rentables (ej. algunos de exportación).

Este cúmulo de dificultades, a veces no permite expresar las ventajas de la agricultura familiar incluyendo la versatilidad y el compromiso familiar con los resultados.

Frente a esas circunstancias, algunos han planteado que el agricultor moderno debe pasar a ser empresario, esto es, tener todos los conocimientos que en las empresas tienen multitud de personas altamente especializadas. Eso no es posible.

Lo que sí es posible es la complementación de las capacidades de las familias de productores con las de sus organizaciones asociativas o mediante contratos adecuados a cada objetivo.

Son numerosas las experiencias asociativas entre productores, incluyendo a los familiares, así como distintos tipos de contratos con empresas privadas. Sus resultados han sido variados, pero dejan una enseñanza que merece aprovecharse.

Las experiencias pueden considerarse positivas, cuando contribuyeron durante cierto tiempo o indefinidamente a una distribución de ingresos más favorable, por la mayor confianza y predecibilidad en la relación con la industria o los proveedores y sobretodo porque sirvieron para desarrollar la capacidad de acoplarse y beneficiarse de las oportunidades que se van abriendo a lo largo del tiempo. También ha habido fracasos, pero ellos no deberían llevar a la inacción sino a una evaluación que sirva para el futuro.

¿Qué tipo de asociación es más conveniente?

Como muestra la experiencia nacional e internacional, no hay una fórmula única, un tipo de cooperativa o de asociación adecuada para cualquier situación, sino que ella debe adaptarse a cada cadena productiva, condiciones locales, regionales o nacionales y a las propias capacidades y forma de actuar de los grupos de productores que conducen la iniciativa.

El tema tratado justifica abrir varias interrogantes

¿Existen condiciones para impulsar nuevas experiencias asociativas?

¿Qué elementos se deben reunir para realizar experiencias asociativas exitosas?

¿Puede haber interés y compromisos entre los pequeños y medianos productores?

¿Qué apoyos externos al sector se requieren?

Otros tipos de arreglo son los que relacionan productores familiares individuales o en grupo con empresas comercializadoras, industrializadoras, etc. También en este caso es conveniente plantear algunas interrogantes:

¿Cuándo y cómo encarar negociaciones para alcanzar este tipo de acuerdos?

¿Será suficiente la legislación y/o normativa existente, como para enfrentar los reiterados incumplimientos que diversas agroindustrias han tenido con los productores?

Parece claro que es más favorable encarar colectiva que individualmente el proceso de información, negociaciones y de control en este tipo de contratos con empresas privadas.

Eso sí, para cualquier modalidad que se pretenda emprender, se hace necesario un proceso de capacitación, formación y promoción del trabajo asociativo, que coadyuve a facilitar la toma de conciencia y el compromiso de los productores a la hora de asumirlos. Este elemento deberá tenerse en cuenta en los programas educativos y de capacitación. Está cabalmente demostrado que los principios de asociativismo y solidaridad conviene estimularlos desde la escuela primaria.

II.9. Financiamiento y riesgo

El financiamiento es fundamental en la producción agropecuaria, pero el acceso de los agricultores familiares al mismo ha sido limitado y cuando acceden incorporan un alto costo fijo, que contrasta con las fuertes e impredecibles variaciones en sus ingresos.

Todos los negocios tienen un componente de riesgo, pero particularmente los agropecuarios y, dentro de ellos, los de los pequeños y medianos productores.

Las fluctuaciones en los ingresos se originan en variaciones en los rendimientos, precios y costos, derivados de factores climáticos, enfermedades, plagas, accidentes, condiciones de mercado imprevistas y en la evolución de la economía y la política económica (por ejemplo, en la política cambiaria).

Las consecuencias de ese riesgo son múltiples y particularmente significativas para los agricultores familiares, ya que alteran el nivel de vida de su familia, amenazan su permanencia en la actividad e interrumpen periódicamente los progresos que viene realizando.

El riesgo agropecuario se proyecta al financiamiento. Gran parte del incumplimiento con la banca, se deriva de acontecimientos climáticos y biológicos o de mercado característicos de la agricultura. Ese riesgo desestimula el financiamiento privado, aumenta los costos de la intermediación de dinero y alimenta la necesidad de refinanciaciones recurrentes, con su secuela de inconvenientes.

En ese contexto, los productores familiares tienen problemas de acceso al crédito y cuando acceden al mismo, lo hacen a altos costos respecto a la rentabilidad normal y agregan un costo fijo frente a ingresos impredecibles.

La apertura de los mercados amplía las fuentes de riesgo asociadas al acceso a los mismos y a los precios y limita los efectos compensatorios del aumento de precios ante una caída de la producción local.

¿Qué es posible hacer?

Los países más organizados han logrado establecer un horizonte razonable a los productores agropecuarios y a los importantes sectores vinculados a ellos, como la agroindustria y la banca, mediante una diversidad de instrumentos, que incluyen la protección de los productores locales de la competencia externa, esquemas de precios mínimos asegurados, financiamiento de situaciones de catástrofe y subsidios a seguros.

La situación local es distinta a la mencionada.

Por una parte, para mantener cierta estabilidad en los ingresos familiares, los productores tienden a diversificar las fuentes de ingreso familiar, llegando incluso a apelar al trabajo asalariado extrapredial. Además adoptan tecnologías para reducir algunos riesgos, como el riego o hacen reservas en dinero u otra forma para tiempos difíciles.

También pueden contratar seguros de diversa naturaleza, o acceder a fondos creados para atender situaciones de catástrofe (tormentas, granizos, aftosa) y fondos de garantías de crédito.

En Uruguay se han venido ampliando las oportunidades de seguros frente a catástrofes y seguros de crédito, pero su cobertura real es limitada, particularmente de los pequeños y medianos productores.

Con referencia a los seguros por riesgo climático señala un documento preparado para el BID:

• Para el agricultor es un instrumento financiero: las indemnizaciones funcionan como un estabilizador de ingresos.

• Constituye una garantía adicional para facilitar el acceso al crédito y

• habitualmente, reducir el costo del dinero.

• Incentiva la innovación tecnológica si funciona conjuntamente con un programa de crédito y de adopción de tecnología.

• Es un instrumento complementario y de respaldo en los programas de fomento de la producción y de la productividad.

• Es un sistema más equitativo y justo de compensación.

El tema planteado es particularmente complejo pero al mismo tiempo fundamental.

Las líneas de acción promisorias comprenden:

• Apoyar activamente los esfuerzos por conformar un sistema de seguros accesible a la agricultura familiar, cubriendo riesgos por siniestros de diversa naturaleza

• Promover fondos de garantía de créditos, basados en las experiencias actuales

• Procurar la asignación de subsidios diferenciados a los pequeños productores destinados a garantías de crédito, seguros y asignaciones por catástrofes, siguiendo la experiencia de casi todos los países con una agricultura organizada.

Los subsidios que requiera esa política, probablemente significarán menos recursos del Estado y seguramente serán más efectivos que los fondos actualmente asignados por el no cobro de créditos debido a factores de riesgo, indemnizaciones no cubiertas por seguros (desde el financiamiento de las vacunas de la aftosa a resultados de eventos climáticos).

III. UN COMPROMISO PARA EL CAMBIO

Los agricultores familiares tenemos un importante desafío por delante y éste proviene no sólo de condiciones manejables a nivel del país (como la política y los programas), y de la propia agricultura familiar, sino de procesos económicos y tecnológicos de fuerte presencia. Esto no es ninguna novedad.

Es difícil imaginar que el gran vuelco en las oportunidades de los agricultores familiares que ha estado presente en nuestras plataformas, sea posible con poco esfuerzo de nosotros mismos.

Es difícil imaginar una política de desarrollo rural y de la agricultura familiar que “venga de arriba”, sin un apoyo efectivo de nuestras organizaciones, que mejore el entorno de política y programas hacia la agricultura que contemplen concretamente a los pequeños y medianos productores; que se concrete una política de tierras, que mejoren las condiciones de producción y comercialización, así como la capacidad de incorporar mejoras técnicas, programas educativos y de salud que contribuyan a mejorar la situación de las familias, etc.

Los avances se irán concretando en gran medida a partir de la conducta que adopte cada productor tanto en su establecimiento como fuera del mismo; en su capacidad para impulsar la organización tanto en el plano económico como social, ya sea a nivel de unos pocos productores de una localidad o a nivel nacional.

A partir de ello habrá que seguir construyendo alianzas con otras organizaciones para alcanzar objetivos concretos.

Habrá que constituir vínculos estables con un conjunto de organizaciones nacionales y de otros países, con las que podamos apoyarnos mutuamente en esas funciones: Centros de Investigación, Universidades, ONGs y otras.