DOCUMENTOS SECTORIALES
PROPUESTA DE POLÍTICAS
DIFERENCIADAS PARA LA AGRICULTURA FAMILIAR
COMISION NACIONAL DE FOMENTO RURAL
INTRODUCCION
Si se observa el panorama predominante en el mundo, se
comprueba que la agricultura familiar, las pequeñas
y medianas explotaciones fundadas en la familia, si bien
continúan siendo importantes en prácticamente
todos los países, han estado perdiendo participación
tanto en el empleo como en la producción.
Esa tendencia declinante de la agricultura familiar,
pone de manifiesto causas profundas, tal como la existencia
de tecnologías adaptadas a unidades de producción
mayores.
Sin embargo esas tendencias no operan igual en todos
los países. La diferencia está asociada
con la política de los gobiernos y con la reacción
propia de la agricultura familiar de cada país.
Los gobiernos de muchos países han reaccionado
frente a las tendencias mencionadas, generando un conjunto
de políticas y programas favorables a la agricultura
familiar. Algunas de estas políticas son muy conocidas,
como las implementadas en la Unión Europea y otras
menos, pero también significativas, como las de
Brasil.
Esa reacción de los gobiernos, se basa en el reconocimiento
del papel de la agricultura familiar como fuente de valores
económicos y sociales. Ese reconocimiento, es bueno
anotarlo, no es espontáneo; en parte es el resultado
de una intensa actividad de las organizaciones sociales.
En el Uruguay se observa la tendencia a la declinación
de la agricultura familiar pero no una reacción
significativa de los gobiernos. No ha existido una política
integral dirigida específicamente a la agricultura
familiar, cuando al mismo tiempo se constatan otras que
favorecen a los empresarios grandes, cualquiera sea su
nacionalidad.
Además de las diferencias mencionadas en el entorno
de política, ciertas características propias
de la agricultura familiar, le han permitido mantener
una fuerte presencia en algunos rubros y países,
en los que pudieron adaptarse a los intensos cambios.
Es interesante el caso de los productores familiares lecheros
de Nueva Zelanda, reconocidos como los más eficientes
del mundo.
Esta introducción deja delineados dos elementos
fundamentales de una estrategia hacia la agricultura familiar
uruguaya:
• La construcción de un entorno favorable
de políticas y programas
• La capacidad de la agricultura familiar para
hacer frente a las condiciones negativas y para aprovechar
las positivas. Esa capacidad refiere tanto a su reacción
dentro del ámbito de la producción así
como también a la de participación en organizaciones
económicas y sociales.
I. FUNDAMENTOS DE UNA ESTRATEGIA DE
DESARROLLO DE LA AGRICULTURA FAMILIAR
I.1. Identidad de la Agricultura Familiar
(AF)
La CNFR ha fundado sus propuestas en las características
propias y permanentes de la AF y en su contribución
a la sociedad y a la economía.
Se ha señalado asimismo el papel democratizador
de la agricultura familiar al ampliar la red empresarial
diversificada, de otro modo extremadamente concentrada,
desintegradora y despobladora, así como en su papel
integrador en términos de la familia y del espacio
rural y capacidad de aprovechamiento sustentable de los
recursos naturales.
Esas características de la agricultura familiar
se mantienen, aún cuando su participación
en la economía y el empleo ha continuado reduciéndose.
Los datos disponibles, y la percepción corriente,
muestran una creciente concentración de la producción
agropecuaria en el segmento de empresas grandes, con creciente
presencia de sociedades, propiedad de extranjeros no residentes
y de propietarios instalados en el medio urbano y sin
conexión directa con la producción y la
sociedad local.
I.2. Un nuevo reconocimiento al papel
del agro y de la agricultura familiar
Un nuevo curso para la agricultura familiar debe basarse
en un doble reconocimiento:
• del importante papel del complejo agroindustrial
en el desarrollo económico y social del país
• del rol que cumple la AF tanto en el desarrollo
local como nacional.
Debe visualizarse a la AF como un sector dinámico,
capaz de adaptarse a nuevas condiciones tecnológicas
y de mercado y sobre esa base mantener un adecuado nivel
de vida de las familias que trabajan en él y su
contribución a la provisión de alimentos
y al desarrollo rural y nacional.
I.3. Enfoque hacia el productor y su
familia
La CNFR ha reivindicado siempre que a la hora de definir
las políticas agropecuarias, debe tenerse en cuenta
en forma absolutamente prioritaria al productor y su familia,
así como también a su unidad productiva
en forma global, por encima de los rubros y tecnologías
en forma aislada.
La agricultura familiar brinda una respuesta alternativa
a las que alimentan las tendencias desintegradoras entre
el mundo de la producción y la familia, entre la
localidad de residencia de la familia y del trabajo.
La familia se constituye así en el protagonista
del proceso de producción y de reproducción
de la unidad de producción y en el centro de atención
de las demandas en el plano de la educación, capacitación
y socialización, por lo que se ha insistido en
la necesidad de que los servicios tomen en cuenta las
particularidades del medio rural, de las mujeres y de
los jóvenes.
Un aspecto que puede contribuir a la estabilidad de la
familia rural, es la complementación de ingresos
familiares con actividades realizadas por integrantes
de la familia fuera del establecimiento, en actividades
agropecuarias o no. Esas actividades contribuyen a aumentar
los ingresos familiares y a reducir sus fluctuaciones.
De hecho, esta es una de las medidas defensivas de la
agricultura familiar en algunos países desarrollados
y desde ya en muchos hogares de pequeños productores
uruguayos.
I.4. Políticas diferenciadas
para la AF
Las políticas diferenciadas orientadas a los productores
familiares constituyen un postulado básico de la
CNFR que sigue vigente.
La experiencia muestra que la mayor parte de las políticas
y programas se dirigen a apoyar a otras empresas o no
tienen objetivos y metas específicas para la agricultura
familiar, por lo cual su efecto es reducido.
Las políticas y programas específicos existen
en casi todos los países y refieren a una variedad
de acciones, comprendiendo actividades de acceso a la
tierra, investigación, capacitación, créditos
y seguros, tributación, comercialización,
precios, etc. que tienen objetivos, metas y acciones dirigidas
a apoyar a los agricultores familiares o a sus organizaciones
económicas.
II. ELEMENTOS DE UNA ESTRATEGIA
PARA EL DESARROLLO RURAL Y DE LA AGRICULTURA FAMILIAR
Una estrategia de desarrollo rural y de la agricultura
familiar sólo puede fundarse en una revalorización
profunda de las necesidades individuales y colectivas
de las personas y en un impulso a los procesos de integración
social, seriamente cuestionados en los últimos
tiempos.
Una política de esa naturaleza, requiere un conjunto
coherente de acciones sostenidas en el tiempo, ya que
políticas aisladas y contradictorias difícilmente
tengan resultados positivos, además de ser costosas.
A continuación mencionaremos componentes que deben
conformar esas políticas.
II.1. Desarrollo local y territorial
y participación de los agricultores familiares
Existe un renovado interés por la dimensión
local del desarrollo. La descentralización permite
una mayor integración de las capacidades de las
personas y un desarrollo más pleno de la democracia,
facilitando la adopción de decisiones y el control
pertinente. En el medio rural las familias de pequeños
y medianos productores cumplen un rol fundamental en este
aspecto.
II.2. Educación: La necesaria
revalorización de la ruralidad
En nuestro país se ha ido perdiendo conciencia
de la importancia estratégica del sector agroindustrial
a través del desarrollo local, regional y nacional,
así como también su contribución
a la generación de empleo y a la diversificación
del ingreso de la población rural.
Tampoco se ha valorizado debidamente la importancia estratégica
que tiene la conservación del medio ambiente y
de los recursos naturales.
A nadie escapa que nuestro sistema educativo ha tenido
una incidencia importante en esa situación y es
por lo tanto de relevancia estratégica introducirle
las reformas imprescindibles, como para que cumpla con
ese objetivo de ayudar a recuperar la conciencia de la
importancia de “lo rural” en nuestro país.
Creemos del caso mencionar las siguientes líneas
de acción al respecto:
• Lograr una verdadera articulación de la
Educación rural en su totalidad
• Profundizar en los conocimientos sobre la importancia
estratégica del medio rural en los programas de
formación de nuestros docentes, tanto en los que
se van a desempeñar en el medio rural, como en
los que lo van a hacer en el medio urbano
• Valorizar la dimensión cultural y los
valores del medio rural
• Profundizar la inserción de los centros
educativos en los procesos de desarrollo local
• Favorecer el acceso igualitario a la educación
a los habitantes del medio rural, con énfasis en
las mujeres y los jóvenes.
• Universalizar la enseñanza media en el
medio rural, con programas flexibles adaptados a la realidad
local y que además sean articulables con tramos
curriculares de otros niveles educativos (enseñanza
técnica, universitaria, etc.)
• Mejorar la calidad de los programas Educativos
de los Centros de enseñanza técnica y profundizar
la metodología de la alternancia en los mismos.
II.3. Comercio exterior y agricultura
familiar
El comercio exterior, la política comercial, los
Tratados de Integración y las negociaciones comerciales
con otros países y/o regiones son, cada vez más,
factores importantes en la definición de oportunidades
y también amenazas para la agricultura familiar.
Lamentablemente los términos actuales de globalización
conllevan a que sean muchas más las amenazas que
las oportunidades y las consecuencias están a la
vista.
La CNFR ha avanzado en el conocimiento y posicionamiento
sobre el tema y participa en plataformas regionales con
otras organizaciones. Este tema exigirá cada vez
más atención a las organizaciones de productores
familiares, particularmente si el gobierno abre oportunidades
de participación.
Esta participación requerirá además
un esfuerzo de las Organizaciones por obtener información
calificada al día y una capacidad técnica
y dirigencial acorde a las exigencias y responsabilidades
de dichas instancias.
II.4. Coherencia entre las políticas
macro y las específicas dirigidas a la agricultura
y el medio rural
En diversas instancias, ha quedado en evidencia que una
política macroeconómica contraria al desarrollo
agroindustrial, es al mismo tiempo negativa para la sociedad
e insostenible.
Ese es el tipo de política que, apoyada en el
atraso cambiario, explotó a fines de 1982 y a mediados
del 2002. En ese marco, los programas aislados dirigidos
a la agricultura han tenido y tienen alcances muy limitados
y utilizan ineficientemente los escasos recursos públicos.
Es imprescindible la implementación de una política
macroeconómica articulada y coherente con las políticas
y programas agropecuarios y agroindustriales.
II.5. Acceso a la tierra
Desde la perspectiva de los pequeños y medianos
productores, se plantea la necesidad impostergable e imprescindible
de implementar políticas agresivas en pro de facilitar
el acceso a la tierra para enfrentar los graves problemas
de escala de recursos así como también de
inserción productiva de los jóvenes integrantes
de la familia.
Desde la perspectiva del país, abrir una oportunidad
de acceso a la tierra permite el aprovechamiento de experiencias,
conocimientos e inclinaciones personales aptas para la
producción agropecuaria y el desarrollo rural,
que significan un capital de enorme potencial, que el
país no puede darse el lujo de seguir desaprovechando.
Habrá que lograr entonces los apoyos políticos
imprescindibles para llevar adelante un proyecto realista
de redistribución de tierras. Se conoce que tal
proyecto está acotado también, por los recursos
fiscales que puedan asignarse tanto a la compra de tierras
como a su puesta en producción, pero habrá
que empezar entonces por lograr las voluntades políticas,
con la finalidad de darle a este tema la prioridad estratégica
que tiene.
Como elemento positivo, cabe consignar que este tema
ha tomado una nueva proyección, desde que la CNFR
con el apoyo de otras organizaciones de productores, asalariados,
la UDELAR y representantes de todo el espectro político
partidario, vienen conformando una alianza para el relanzamiento
de la colonización.
II.6. Innovación, asistencia
técnica, capacitación
La agricultura familiar depende cada vez más de
su capacidad de incorporar innovaciones. Está comprobado
que lo ha hecho eficientemente cuando se han dado condiciones
favorables a ese tipo de explotaciones (ejemplo en lechería).
De todas formas, no se puede desconocer que una proporción
muy importante de pequeños y medianos productores,
han tenido problemas como consecuencia del tipo de tecnología
disponible internacionalmente, de la falta de adaptación
local a las condiciones de los mismos y de las dificultades
de acceso a la asistencia técnica o a la capacitación
así como también a la disponibilidad de
recursos financieros para hacer frente a ese tipo de tecnología.
Como aspectos positivos en este ámbito, pueden
señalarse las diversas actividades de investigación
y validación, que toman como núcleo las
actividades de producción en pequeñas y
medianas unidades, realizadas mediante el Convenio vigente
entre CNFR e INIA y mediante otras acciones de complementación
con la Facultad de Agronomía. También merecen
destaque articulaciones con otros organismos del ámbito
de la investigación, la asistencia técnica
y la capacitación.
No obstante, los avances son limitados, tanto en la adaptación
de tecnologías a las condiciones de los pequeños
y medianos productores, como en el acceso a la capacitación
y la asistencia técnica, tal como lo muestra la
información disponible.
Según el Censo Agropecuario del 2000, menos de
un tercio del total de productores recibieron asistencia
técnica. Otras fuentes de datos muestran que esa
proporción es menor en las pequeñas y medianas
explotaciones y que el sector público contribuye
con una muy pequeña parte de esa actividad. Sólo
un tercio de los productores hortícolas del sur
recibían en 1999 asistencia técnica y de
ellos tan sólo un tercio lo hacía por intermedio
de instituciones o programas públicos, incluyendo
el PREDEG, FIDA, JUNAGRA y otros.
Algunas tendencias están abriendo nuevas oportunidades
a pequeños y medianos agricultores, tales como
la producción orgánica o con limitada participación
de productos químicos en el proceso productivo,
alternativa que CNFR también viene respaldando
con mucho calor. En general la necesidad de encontrar
un cauce alternativo al de la agricultura con alta utilización
de productos químicos en muchas partes del mundo
puede incluir a nuestro país, si se quiere ser
consecuente con el eslogan “Uruguay Natural”.
En síntesis: se requiere un esfuerzo mayor y más
adaptado a la agricultura familiar. En el caso de la investigación,
los esfuerzos públicos deberían abrir una
amplia orientación dirigida a la agricultura familiar
en estrecho vínculo con las organizaciones económicas
y sociales de los productores.
Los servicios de asesoría técnica y de
capacitación deberían adaptarse a las posibilidades
económicas y de dedicación del productor
familiar, que por tener que cumplir muchas funciones en
su predio, puede asignar poco tiempo y no dispone de recursos
para financiar esas actividades.
II.7. Presencia activa de la agricultura
familiar en los procesos de generación de políticas
y en el diseño de los programas: Creación
de un organismo destinado a al definición y ejecución
de políticas y programas para la AF
Una de las condiciones para fundar una nueva estrategia
de desarrollo rural es el reconocimiento de la agricultura
familiar y de las organizaciones de ese sector.
La CNFR tiene experiencia en representaciones en diversos
organismos, pero queda bastante por avanzar.
El fundamento en que se basa esta propuesta, es que la
interacción de los agentes públicos y privados
involucrados, constituye un elemento decisivo para alcanzar
los objetivos.
Hay que consolidar la participación de las organizaciones
de la agricultura familiar, en los todos los ámbitos
en que se analizan las políticas y programas específicamente
agropecuarios y de desarrollo local, las políticas
de fomento de la producción y en los Organismos
de investigación, asistencia técnica y capacitación.
Esta participación no puede limitarse a la fase
de formulación, sino que también debe implicar
una presencia activa de las Organizaciones en la ejecución
de los programas y por supuesto también en la etapa
de evaluación de los mismos.
Este nuevo estilo de relacionamiento debería apoyarse,
en un Organismo jerárquico dentro de la administración
pública, dedicado exclusivamente al fomento de
la AF. Este Organismo será un instrumento articulador
entre las Organizaciones representativas de la AF y el
sector público y deberá contribuir, con
recursos presupuestales, a que las diversas instituciones
y programas existentes, dirijan acciones específicamente
hacia el desarrollo de la misma. De una u otra forma este
tipo de Organismo existe en otros países como Chile
y Brasil y tiene antecedentes en propuestas ya realizadas
por la CNFR.
II.8. La integración de la agricultura
familiar
Las posibilidades de viabilidad de los agricultores familiares
independientes se están estrechando. El tema es
antiguo, pero las exigencias planteadas por la competencia
dentro de la agricultura y con el resto las empresas en
una economía abierta al comercio, hacen cada vez
más imperioso que los agricultores familiares estén
convenientemente articulados entre sí y con las
empresas que operan en otras fases.
Los arreglos de referencia pueden ser de naturaleza muy
diversa; desde empresas asociativas hasta contratos anuales
o de mayor plazo, cubriendo unos pocos productores, o
un conjunto de ellos en una localidad o en todo el país.
La agricultura familiar tiene una imperiosa necesidad
de esas asociaciones pero debe reconocerse que al mismo
tiempo soporta dificultades propias para encararlas.
Así, en algunos casos reciben precios inferiores,
tienen menos seguridad en el mercado, tienen mayores dificultades
de acceso a bienes y servicios (ej. asistencia técnica),
pagan mayores precios por los insumos y servicios (ej.
la energía) y generalmente se mantienen al margen
de los segmentos del mercado más dinámicos
y rentables (ej. algunos de exportación).
Este cúmulo de dificultades, a veces no permite
expresar las ventajas de la agricultura familiar incluyendo
la versatilidad y el compromiso familiar con los resultados.
Frente a esas circunstancias, algunos han planteado que
el agricultor moderno debe pasar a ser empresario, esto
es, tener todos los conocimientos que en las empresas
tienen multitud de personas altamente especializadas.
Eso no es posible.
Lo que sí es posible es la complementación
de las capacidades de las familias de productores con
las de sus organizaciones asociativas o mediante contratos
adecuados a cada objetivo.
Son numerosas las experiencias asociativas entre productores,
incluyendo a los familiares, así como distintos
tipos de contratos con empresas privadas. Sus resultados
han sido variados, pero dejan una enseñanza que
merece aprovecharse.
Las experiencias pueden considerarse positivas, cuando
contribuyeron durante cierto tiempo o indefinidamente
a una distribución de ingresos más favorable,
por la mayor confianza y predecibilidad en la relación
con la industria o los proveedores y sobretodo porque
sirvieron para desarrollar la capacidad de acoplarse y
beneficiarse de las oportunidades que se van abriendo
a lo largo del tiempo. También ha habido fracasos,
pero ellos no deberían llevar a la inacción
sino a una evaluación que sirva para el futuro.
¿Qué tipo de asociación es más
conveniente?
Como muestra la experiencia nacional e internacional,
no hay una fórmula única, un tipo de cooperativa
o de asociación adecuada para cualquier situación,
sino que ella debe adaptarse a cada cadena productiva,
condiciones locales, regionales o nacionales y a las propias
capacidades y forma de actuar de los grupos de productores
que conducen la iniciativa.
El tema tratado justifica abrir varias interrogantes
¿Existen condiciones para impulsar nuevas experiencias
asociativas?
¿Qué elementos se deben reunir para realizar
experiencias asociativas exitosas?
¿Puede haber interés y compromisos entre
los pequeños y medianos productores?
¿Qué apoyos externos al sector se requieren?
Otros tipos de arreglo son los que relacionan productores
familiares individuales o en grupo con empresas comercializadoras,
industrializadoras, etc. También en este caso es
conveniente plantear algunas interrogantes:
¿Cuándo y cómo encarar negociaciones
para alcanzar este tipo de acuerdos?
¿Será suficiente la legislación
y/o normativa existente, como para enfrentar los reiterados
incumplimientos que diversas agroindustrias han tenido
con los productores?
Parece claro que es más favorable encarar colectiva
que individualmente el proceso de información,
negociaciones y de control en este tipo de contratos con
empresas privadas.
Eso sí, para cualquier modalidad que se pretenda
emprender, se hace necesario un proceso de capacitación,
formación y promoción del trabajo asociativo,
que coadyuve a facilitar la toma de conciencia y el compromiso
de los productores a la hora de asumirlos. Este elemento
deberá tenerse en cuenta en los programas educativos
y de capacitación. Está cabalmente demostrado
que los principios de asociativismo y solidaridad conviene
estimularlos desde la escuela primaria.
II.9. Financiamiento y riesgo
El financiamiento es fundamental en la producción
agropecuaria, pero el acceso de los agricultores familiares
al mismo ha sido limitado y cuando acceden incorporan
un alto costo fijo, que contrasta con las fuertes e impredecibles
variaciones en sus ingresos.
Todos los negocios tienen un componente de riesgo, pero
particularmente los agropecuarios y, dentro de ellos,
los de los pequeños y medianos productores.
Las fluctuaciones en los ingresos se originan en variaciones
en los rendimientos, precios y costos, derivados de factores
climáticos, enfermedades, plagas, accidentes, condiciones
de mercado imprevistas y en la evolución de la
economía y la política económica
(por ejemplo, en la política cambiaria).
Las consecuencias de ese riesgo son múltiples
y particularmente significativas para los agricultores
familiares, ya que alteran el nivel de vida de su familia,
amenazan su permanencia en la actividad e interrumpen
periódicamente los progresos que viene realizando.
El riesgo agropecuario se proyecta al financiamiento.
Gran parte del incumplimiento con la banca, se deriva
de acontecimientos climáticos y biológicos
o de mercado característicos de la agricultura.
Ese riesgo desestimula el financiamiento privado, aumenta
los costos de la intermediación de dinero y alimenta
la necesidad de refinanciaciones recurrentes, con su secuela
de inconvenientes.
En ese contexto, los productores familiares tienen problemas
de acceso al crédito y cuando acceden al mismo,
lo hacen a altos costos respecto a la rentabilidad normal
y agregan un costo fijo frente a ingresos impredecibles.
La apertura de los mercados amplía las fuentes
de riesgo asociadas al acceso a los mismos y a los precios
y limita los efectos compensatorios del aumento de precios
ante una caída de la producción local.
¿Qué es posible hacer?
Los países más organizados han logrado
establecer un horizonte razonable a los productores agropecuarios
y a los importantes sectores vinculados a ellos, como
la agroindustria y la banca, mediante una diversidad de
instrumentos, que incluyen la protección de los
productores locales de la competencia externa, esquemas
de precios mínimos asegurados, financiamiento de
situaciones de catástrofe y subsidios a seguros.
La situación local es distinta a la mencionada.
Por una parte, para mantener cierta estabilidad en los
ingresos familiares, los productores tienden a diversificar
las fuentes de ingreso familiar, llegando incluso a apelar
al trabajo asalariado extrapredial. Además adoptan
tecnologías para reducir algunos riesgos, como
el riego o hacen reservas en dinero u otra forma para
tiempos difíciles.
También pueden contratar seguros de diversa naturaleza,
o acceder a fondos creados para atender situaciones de
catástrofe (tormentas, granizos, aftosa) y fondos
de garantías de crédito.
En Uruguay se han venido ampliando las oportunidades
de seguros frente a catástrofes y seguros de crédito,
pero su cobertura real es limitada, particularmente de
los pequeños y medianos productores.
Con referencia a los seguros por riesgo climático
señala un documento preparado para el BID:
• Para el agricultor es un instrumento financiero:
las indemnizaciones funcionan como un estabilizador de
ingresos.
• Constituye una garantía adicional para
facilitar el acceso al crédito y
• habitualmente, reducir el costo del dinero.
• Incentiva la innovación tecnológica
si funciona conjuntamente con un programa de crédito
y de adopción de tecnología.
• Es un instrumento complementario y de respaldo
en los programas de fomento de la producción y
de la productividad.
• Es un sistema más equitativo y justo
de compensación.
El tema planteado es particularmente complejo pero al
mismo tiempo fundamental.
Las líneas de acción promisorias comprenden:
• Apoyar activamente los esfuerzos por conformar
un sistema de seguros accesible a la agricultura familiar,
cubriendo riesgos por siniestros de diversa naturaleza
• Promover fondos de garantía de créditos,
basados en las experiencias actuales
• Procurar la asignación de subsidios diferenciados
a los pequeños productores destinados a garantías
de crédito, seguros y asignaciones por catástrofes,
siguiendo la experiencia de casi todos los países
con una agricultura organizada.
Los subsidios que requiera esa política, probablemente
significarán menos recursos del Estado y seguramente
serán más efectivos que los fondos actualmente
asignados por el no cobro de créditos debido a
factores de riesgo, indemnizaciones no cubiertas por seguros
(desde el financiamiento de las vacunas de la aftosa a
resultados de eventos climáticos).
III. UN COMPROMISO PARA EL CAMBIO
Los agricultores familiares tenemos un importante desafío
por delante y éste proviene no sólo de condiciones
manejables a nivel del país (como la política
y los programas), y de la propia agricultura familiar,
sino de procesos económicos y tecnológicos
de fuerte presencia. Esto no es ninguna novedad.
Es difícil imaginar que el gran vuelco en las
oportunidades de los agricultores familiares que ha estado
presente en nuestras plataformas, sea posible con poco
esfuerzo de nosotros mismos.
Es difícil imaginar una política de desarrollo
rural y de la agricultura familiar que “venga de
arriba”, sin un apoyo efectivo de nuestras organizaciones,
que mejore el entorno de política y programas hacia
la agricultura que contemplen concretamente a los pequeños
y medianos productores; que se concrete una política
de tierras, que mejoren las condiciones de producción
y comercialización, así como la capacidad
de incorporar mejoras técnicas, programas educativos
y de salud que contribuyan a mejorar la situación
de las familias, etc.
Los avances se irán concretando en gran medida
a partir de la conducta que adopte cada productor tanto
en su establecimiento como fuera del mismo; en su capacidad
para impulsar la organización tanto en el plano
económico como social, ya sea a nivel de unos pocos
productores de una localidad o a nivel nacional.
A partir de ello habrá que seguir construyendo
alianzas con otras organizaciones para alcanzar objetivos
concretos.
Habrá que constituir vínculos estables
con un conjunto de organizaciones nacionales y de otros
países, con las que podamos apoyarnos mutuamente
en esas funciones: Centros de Investigación, Universidades,
ONGs y otras.